Era el 2012, el año de las Olimpiadas en Londres. Eran las 3:00 a.m. y todavía estaba convencida que esto de la abogacía era para mi.

Estaba en Londres. Eran las 3:00am (por lo menos no las 4:00am – después entenderás porque 🙂) y seguía en mi oficina en el piso 26 tratando de encontrar un documento entre los 1458 papeles que había recibido, que le ayudara a mi cliente.

Teníamos cita en la jefatura el siguiente día a las 9:45am y hasta ahora no tenia nada.

Pensé dentro de mi, ¿cómo llegue aquí? Había decidido especializarme en medio ambiente precisamente para no tener que lidiar con la policía, pero ahí estaba. Y sin ningún documento útil.

Esto fue el 2012, el año de las olimpiadas. Cuando estaba todavía “convencida” que eso de la abogacía era para mi.

El año siguiente todo cambio.

Había empezado una familia y la idea de viajes constantes y trabajar en la oficina toda la noche la verdad que perdió su encanto.

Ahora seguía despierta toda la noche pero con biberones 😮!

Sabia que algo tenia que cambiar. ¿Pero dejar mi trabajo?

Me daba miedo perder la libertad y “seguridad” (que en realidad no es seguro) que conlleva recibir un sueldo mensual.

Miedo de dejar de contribuir a los gastos y de tener dinero propio.

Esto era muy importante para mi. Pero igual de importante se volvió mi tiempo. Ya no quería perderlo viajando dos horas diarias a la oficina.

A mi hijo lo vería solo dormir, porque el resto del día no estaría ahí.

Mi tiempo no era mío.

Entre todo el caos, empecé a escribir un libro. A mi la depresión post-natal me pegó fuerte y tenia que hacer algo para salirme de mi mente.

Quería dejar mi trabajo pero no sabia que hacer. Pensaba que jamás iba a poder hacer otra cosa.

Eso estudie, dos veces! ¿Que mas me enseñó? (no me hagas que empiece a quejarme del sistema de educación porque nunca acabo).

De regreso a Londres, ahora era el 2015.

Estaba tomando un café con Armando, mi hermano, en Westfield y me dijo, pero ¿bueno que quieres hacer? Me reí, era la pregunta del millón.

Sin pensar lo que respondí fue: Quiero escribir.

En aquel tiempo Armando ya estaba metido a fondo en el marketing en línea. Me hablo de copywriting (mi oído legal escuchaba “Copyright”, ¡que mensa!).

Y sin mas ni mas me dijo: “Necesito 15 hojas de contenido, quiero que lo hagas. No me puedes decir que no. Ya sabes la regla”.

Damn. No me quedo de otra.

En retrospectiva, fue la estrategia perfecta. Toda mi vida he sido las de salta primero y fíjate si hay colchón después.

Ese reto le hablo directamente a mi “yo interior”.

Me avente el curso de Email Matrix y empecé a escribir. No tenia idea si lo estaba haciendo bien, si iba a funcionar o si era lo que Armando necesitaba. Simplemente empecé.

Tres meses después me dio las noticias. Desde que empezaron las campañas de correos las ventas habían incrementado 40% en ganancias reales.

Con mis correos!!!

En ese momento fue la primera vez que me permití pensar que era posible hacer algo distinto, tener una vida distinta.

Poco tiempo después, la empresa de mi esposo me pidió hacer lo mismo. Nuevamente funciono.

Varias amigas que estaban empezando sus negocios me pidieron ayuda y nuevamente funciono.

Ya no era chiripa. Mis correos les ayudaron. Email Matrix les ayudo.

Y lo que mas disfrute fue el proceso. Ver los ojos emocionados de mis amigas cuando empezaron a ganar ingresos.

Saber que lo que estaba haciendo en realidad iba a hacer una diferencia en la vida diaria de las personas, en sus negocios, en la posibilidad de completar sus sueños.

Y ahora aquí estoy. Trayendo a Email Matrix al mercado en español. Buscando ver mas ojos emocionados que dicen que obtuvieron lo que querían.

Ahora me preguntan que hago y contesto que soy abogada por educación y marketer por internet y escritora por decisión.